sábado, 13 de octubre de 2012

Lo esencial es invisible a los ojos

EMBRIÓN UNICELULAR


Algunos me preguntan: ¿Cómo puede creer que algo tan pequeño, que ni siquiera tiene aspecto externo de humano --como lo es el embrión--, deba ser tratado con la dignidad humana y que se le deba respetar su derecho a la vida?
El personaje de Saint Exupery manifiesta en “El Principito” que: "Lo esencial es invisible a los ojos".
Hablaba por supuesto de aquello que a veces es oscuro a la razón. Muchas veces lo real no es sólo aquello que perciben nuestros sentidos. Hay cosas que nuestros sentidos no pueden percibir.
La biotecnología con sus microscopios electrónicos y sus telescopios ultra modernos nos ofrecen en la actualidad, información verdadera que jamás hubiéramos podido captar solo con nuestros ojos.
Así los descubrimientos científicos demuestran rotundamente que el ser humano concebido es el mismo, que luego --con el paso del tiempo-- veremos con forma de  feto, de bebé, de niño, de joven, de adulto y de anciano.
Todo embarazo comienza en la concepción, con la unión del espermatozoide del hombre y el óvulo de la mujer, que una vez que se fusionan forman un embrión unicelular. (Carlson, 2004)
Este embrión contiene la copia original del código genético completo de un nuevo individuo, que es distinto de su madre y de su padre. Se determinan durante la concepción (también llamada fertilización ó fecundación) el sexo, el color de ojos y otras características. (Carlson, 2009; Gasser, 1975; Guyton and Hall, 2000)
Los acontecimientos de desarrollo más importantes de nuestras vidas ocurren mucho antes del nacimiento.
Es durante las primeras ocho semanas posteriores a la concepción, cuando crecen y comienzan a funcionar la mayoría de las partes del cuerpo, así como nuestros sistemas corporales. (Moore and Persaud, 2003)
Con apenas cuatro semanas de haber sido concebido, se despliegan las partes principales del cuerpo como lo son: la cabeza, el pecho, el abdomen y la pelvis, los brazos y las piernas. (Carlson, 2009. 123; O'Rahilly and Müller, 1987)
Con apenas ocho semanas de concebido la apariencia en general de desarrollo del ser humano, así como varias de sus estructuras internas, se asemejan a las del recién nacido, excepto por la pequeñez de su tamaño. (O'Rahilly and Gardner, 1975; O'Rahilly and Müller, 1999)
Así, en la vida dentro del vientre materno, primero somos un embrión no anidado, luego nos anidamos en el útero materno, con lo que se desarrollan todos nuestros órganos y posteriormente estos órganos lo único que hacen es madurar.
Luego al nacer, se continúa con el mismo proceso de crecimiento y maduración, la única diferencia es que ese proceso es fuera del útero materno.
Como todo ser viviente tenemos un pasado, una historia. Indiscutiblemente la ciencia ha demostrado que la biografía de cada uno de nosotros se inició cuando el óvulo de nuestra madre se unió al espermatozoide de nuestro padre.
Si no se hubiera respetado nuestro derecho a la vida cuando fuimos embriones, hoy no estaríamos aquí.


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