domingo, 29 de mayo de 2011

¡Para no caer en absurdos!


Con el propósito de renovar mi licencia de conducir, me dirigí a la oficina respectiva, donde encontré, tal y como lo esperaba,  una larga fila, de esas a la que los costarricenses nos han obligado a tener infinita paciencia. En mi misma circunstancia se encontraba, también, un joven matrimonio: ella, tenía alzada una preciosa bebé; él sostenía papeles, la cartera de ella y un típico maletín de bebé, blanco y con dibujitos. La fila no avanzaba con rapidez; me dediqué a observar las escenas de quienes también esperábamos nuestro turno.  Confieso que el tiempo se me hizo corto deleitándome al observar el cariño con el que la madre atendía a su hija y el padre le ayudaba. En medio del que era casi ya insoportable calor, la niña no lloraba, ni tan siquiera se quejaba.
Cuando ya casi les tocaba el turno de entrar a realizar el trámite, un funcionario, -a voz fuerte para que le oyera- le indicó a la madre que podía entrar a sacar su licencia "saltándose" el resto de la fila. Sin embargo, lo que más nos llamó la atención a los que estábamos ahí, fue que no se permitiera al padre hacer lo mismo.  En voz alta se me escapo un comentario: que el señor estaba siendo discriminado... ¡en razón de su sexo!  Todos los que estaban en la fila se sonrieron pero, de igual forma, no lo dejaron entrar.
Lo absurdo de la situación fue que cuando ella obtuvo su licencia, regresó a la fila a esperar pacientemente que su esposo terminara con su trámite, lo que no permitió lograr el objetivo inicial de favorecer la atención para que la niña no estuviera tanto tiempo con sus progenitores en la fila. En otras palabras, otorgar a la mujer el privilegio de "saltarse" la fila por su condición de madre, no le sirvió de nada, porque no se le otorgó igual privilegio a su esposo.
Son numerosos los instrumentos internacionales (algunos con más de 60 años de haber sido aprobados) que disponen que la familia -elemento natural y fundamental de la sociedad- debe ser protegida por la sociedad y el Estado.
Más recientemente se habla de los derechos de los niños, de los derechos de la mujer, de los derechos de los adultos mayores, todo por separado, disgregando la familia humana, lo que a su vez ha provocado que algunos hombres empiecen a hablar de los derechos de ellos particularmente como padres, separando o diferenciando esos derechos de los que se otorgan a las madres.
Separar a los miembros de la familia no tiene sentido. La ofensa a uno de los miembros ofende a todos. Precisamente por esto, la familia es el más importante bien social.
Una verdadera política familiar que pretenda cumplir con la obligación del Estado costarricense de proteger a su elemento fundamental debe tener comprender lo aquí reflexionado para no caer en absurdos.

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